Mucho se ha hablado sobre la modernización de instituciones públicas como el MOP, sin embargo y consecuente con nuestra lógica aristotélica, la primera pregunta obvia que no he visto aún en los medios es: ¿qué se debe entender por una institución moderna?. Una pequeña revisión bibliográfica de una de las eminencias a nivel nacional sobre la materia, me refiero a Mario Waissbluth (2002) [1] , señala que “la palabra modernización es un resumidero de cualquier cosa. Evoca productividad, calidad, secularización, alejamiento de los dogmas, flexibilidad, informática. Algún politólogo llegó a definir la modernidad como todo aquello que se parezca a los Estados Unidos...”. Esta última frase, como señala el autor, es escalofriante y tiene oculto uno de los más profundos sentidos, por muchos obviado al momento de hablar de modernidad, y es, ¿bajo qué punto de vista contextualizamos dicha modernidad?, desde el punto de vista de un Estado que privilegia los principios de la libertad, como EE.UU., ...
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